La memoria de las hermanas Mirabal permanece viva en el museo creado en su honor por la fundación que lleva el mismo nombre y que integran los hijos de las mártires del régimen trujillista, y la cuarta hermana, Dedé Mirabal, quien se ha encargado de mantenerlo en óptimas condiciones.
Es catalogado como el más visitado del país porque conserva los vestigios del crimen considerado más horrendo de la dictadura y que marcó un fin inevitable con el ajusticiamiento de Trujillo.
El paño ensangrentado con el que limpiaron las heridas de las Mirabal y los testimonios de los confesos asesinos en el juicio que pretendía hacer pagar a los autores intelectuales y materiales por sus hechos, les dan a esta galería la prominencia del legado histórico.
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