Queda un poco de esperanza y el inevitable olor a muerte
La tierra no tiembla en el Caribe. No con frecuencia. En Puerto Príncipe dicen que hace cincuenta años pasó pero la gente que este último martes volvía del trabajo, los niños que regresaban a casa de la escuela, no tuvieron tiempo para recordarlo. En veinte segundos la tierra tembló como nunca. Detrás llegaba la muerte.
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